LUNES,
17 DE OCTUBRE DE 2011
CAMINANDO POR LA CIUDAD
Y
pensar que hace 66 años fue el día de la lealtad . . .
Fui
a cobrar la pensión de mi madre esta mañana.
Para no hacer larga la demora, siempre llego
treinta minutos antes de que abra el Banco. Me ubico como otros jubilados –
ahora sí lo soy – en la cola,
a
la espera de que a las 10.00 en punto la puerta de entrada permita el acceso
nervioso,
apurado de todos: hombres y mujeres,
normalmente mayores de 80 años. En sus
rostros, en sus expresiones, puede observarse la ansiedad, que es mensual, de
llegar a la ventanilla, con número de ingreso de por medio, para
recibir
el dinero que a cada uno le corresponde. ( Según el Anses ).
Unos
minutos después de formar parte de la fila, solicito a quien esta detrás mio
“permiso” para ir a verificar en el cajero automático el monto a cobrar,
que
también lo hago habitualmente asi ya se a que atenerme. Además cobro
por
ventanilla por un tema de seguridad. El aviso de que me retiro de la hilera
lo
doy para que respeten por un minutos el lugar que dejo y así, no haya
conflicto
cuando regreso. Hay mucho control para que nadie, nadie, se cuele.
¡
Estos jubilados !
Una
señora, con su bastón metálico, me observa de arriba hacia abajo ( tenia mucho
para mirar, pero lo hizo a la velocidad de la luz ) al instante de mi
reubicación en el espacio que me correspondía, a mi regreso.
Inmediatamente exclamó, frente a la sorpresa
de quien me cuido “mi lugar” y de otros más: “ ¿ quien es Usted señor, como para plantarse aquí ?”
Por
suerte – para mi – quien me había otorgado el permiso, al momento me defendió
confirmando que no era un colado . . . ¡ suspire ! ¡ qué alivio ! pensé,
no
solo recuperé mi puesto en la fila, ¡ me había salvado de que me aplicaran
un
golpe de bastón !
Pero
la señora no quedo tranquila. Algo debía pergeniar. Y mejor aun en complicidad
con otra señora, cercana a mí en la cola.
Mientras
el diálogo, a veces monólogo, de la segunda jubilada con el resto
de
personas cercanas a mí, reclamando que el tema jubilados no tiene solución,
de
que la corrupción es incontrolable, de que “nos vamos a incendiar” cuando
debamos hacer la misma cola en verano, de que los horarios bancarios habría que
modificarlos, de que, “nosotros los jubilados” necesitamos bancos ( pero para
sentarnos ) en las veredas para esperar dignamente, etc. etc. etc. ,
ambas
señoras clavaron sus críticas miradas en una jubilada, muy elegante, de
aproximadamente 75 años, peinado a lo Marilyn Monroe, maquillada como para
ocultar todas sus arrugas, con un color de lápiz labial que resaltaba sus
labios como si fuera Botom . . .quien se acercó y se quedó con el primer grupo
de cuatro jubilados que habrían llegado al Banco a las seis de la mañana, pues
estaban haciendo de punta de lanza, conversando sin parar, allí, pegados a la
puerta del Banco. Aparentemente - dado
que se metió en el jolgorio que allí se estaba desarrollando – su idea era la
de ¡ COLARSE !
No
había tiempo para indecisiones. La ARMADA encendió su alarma:
Las
dos señoras, aquella con el bastón metálico, y la que no dejaba de hablar, solicitando
el permiso correspondiente, avanzaron al unísono hacia
la
zona donde el grupo de jubilados comenzaba a aceptar a la elegante señora
para
integrarse y - por supuesto – arremeter
e ingresar al Banco una vez
que
el reloj marcara las 10 de la mañana.
Todo
sucedió muy rápido. Aunque faltaban 5 minutos para que el Banco comenzará a
atender, la Armada TUVO QUE RETROCEDER en menos de un minuto.
La
Sra. con el look de Marilyn “ las atacó” increpándolas de mal educadas, de
irrespetuosas, de putas . . . Al calmarse, y mientras se alejaban, gritaba:
“ ¡
Estoy aquí desde las 6 de la mañana !” “
¡ Deje la cola un rato para
ir
a desayunar, manga de inútiles !”
Cuando
volvieron a sus lugares: ¡ lo que eran los comentarios . . .!!
Yo,
mantuve mi silencio, aprendiendo más aun de que juzgar no conduce a nada, de
que ES POSIBLE tener un buen día si nos respetamos,
si
rescatamos lo positivo. Y más aun, con una sonrisa, con buen humor,
podemos
lograr muchas cosas.
Cuando
llegó mi turno, me atendió la misma señorita de siempre:
Seria,
enojada, como saturada de lo mismo en ese Banco. A esto se sumo que
su
compañero de escritorio - colaborador
para la confección de boletas de extracción – no había venido, más aun, que era lunes . . . .
Con
solamente decirle: “ espero hayas tenido un hermoso fin de semana”
sonriéndole,
me
respondió, con calma, hasta con ganas de conversar:
“pero
sabes qué “, tuteándome,
“
quisiera que ya fuese viernes “ . . .
A
lo que le respondÏ:
“
alegrate, disfruta de hoy lunes . . .el viernes ya llegará
Y
cuando recuerdes lo que te dije, este viernes,
cómo
otros será una fiesta para vos “
QUÉ
BUEN LUNES ESTOY PASANDO.
ALBERTO
M. GRUNEWALD
DE
BUENOS AIRES, ARGENTINA
ESCRITO
EL LUNES 17 DE OCTUBRE DE 2011